Cabina de enclavamientos manual

Las cabinas de enclavamientos manuales que aún sobreviven varían, en cuanto a su diseño, en función de la compañía o del contratista que las construyó. Algunas son de madera, otras están hechas de ladrillo y otras son una combinación de estos dos materiales. Por lo general, están construidas en dos niveles: la planta superior, en la que trabaja el guardagujas, y la planta inferior donde se encuentra la sala de enclavamientos. En la planta superior, una línea de ventanas, situadas en ambos extremos de la cabina y extendidas a lo largo del lateral que da al tren, permiten que el guardagujas tenga una buena visión del tren y de las señales.

El señalero Rogers espera atentamente la comprobación de las diez en punto en la cabina de la estación de Liverpool Street. Era vital que los señalero trabajaran todos a la vez. En la LNR se emitían dos señales horarias al día con un código especial; de este modo, los señaleros podían sincronizar sus relojes.

Lo primero que se ve al visitar una cabina es la hilera de grandes palancas de acero numeradas. Cada una de ellas controla una señal, un juego de agujas o un cerrojo de agujas. Las palancas tienen una altura aproximada de 1,3 m., y la mayoría está inclinada hacia el lado contrario donde se sitúa el guardagujas. Para sacarlas de su posición normal, el guardagujas debe tirar de las palancas hacia él. Normalmente, el mango redondeado de la palanca suele ser de acero pulido, en vez de pintado, y el guardagujas utiliza un paño para asirlo ya que, con el sudor de las manos, el acero se oxida pronto.

Todas las cabinas de enclavamientos manuales tienen un bloque de palancas que controlan las señales, las agujas y los cerrojos de las agujas. Cada palanca tiene un color determinado que la identifica: rojo para las señales de parada, amarillo para las señales de distancia, negro para las agujas y azul para los cerrojos de las agujas.

Detrás del mango de la palanca hay una maneta, con trinquete, que controla un compensador de pesa o muelle situado en la parte inferior y que mantiene la palanca bien en posición normal bien en posición invertida. Las palancas llegan hasta un eje en la planta inferior, a través de unas ranuras situadas en el suelo. Las barras de las agujas o los cables de las señales tienen una extensión en ángulo recto. Las barras sujetas frente a las palancas pasan también al dispositivo de enclavamiento. Éste consiste en pasadores verticales y horizontales que aseguran que las señales no interfieran en otras señales o agujas.
El estante de bloqueo con la instalación de sus instrumentos está situado encima de las palancas. En él hay timbres para hacer funcionar el sistema de bloqueo, los propios instrumentos de bloqueo, e indicadores que muestran si los brazos de las señales que no se ven han respondido al movimiento de palancas o si las lámparas de señales están encendidas.
Encima del estante de bloqueo hay un cuadro indicador del trazado de las vías, que muestra la posición de las señales, de las agujas y de los números de las palancas. Algunos de estos cuadros tienen luces rojas a lo largo de las vías, para mostrar si un tren está ocupando una sección de la línea. En algunas cabinas de enclavamientos esto se muestra aparte, en un indicador del circuito de vía situado en el estante. Finalmente están los pulsadores, que se tienen que presionar para liberar los cierres eléctricos de las palancas.
Hay muy pocos muebles: una silla y una mesa para comer algo, un escritorio para anotar en el libro de registros de los trenes todos los movimientos de las señales, las diferentes operaciones y los horarios. Según la localización de la cabina, la iluminación es eléctrica o de petróleo, y, por supuesto, hay un hornillo, generalmente de combustible sólido para calentar café o comida.
Fuente: El Mundo de los Trenes - Ediciones del Prado S.A. 1997 - Madrid (España)

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